Pocas veces me he sentado frente al ordenador con tantas cosas por contar y tantas dudas sobre su tratamiento. Quizás hoy no tenga perfectamente estructurado en mi cabeza el qué y cómo de lo que quiero decir ya que son muchos, muchísimos los aspectos que hay que considerar a la hora de analizar la situación de ese cuasi centenario Real Betis Balompie. Así que abusando de la amabilidad de los mayoritarios de esta casa, paso a escribirles algo así como un “debate sobre el estado de la nación…verdiblanca”, aunque lo de debate es algo relativo porque de momento, la única opinión, la única voz en estas letras es la de servidor. Afortunadamente, para ejercer el derecho de réplica existen esos maravillosos foros de internet, paradigma de la libertad absoluta de expresión, donde algunos se mostrarán más de acuerdo que otros con lo que a continuación paso a evaluar.
Hablar del Betis, de su gravísimo estado, a día de hoy conlleva inexcusablemente el tratamiento y valoración de todos los estamentos que lo componen. 3,2,1…Empezamos
Lopera: Vive sus momentos más bajos tras 15 años de mandato absolutista. Sus formas han quedado claramente obsoletas y su discurso sigue anclado en junio del 92 como único argumento tras el que parapetarse. La afición no le perdona la deserción tras la noche del Anderlecht y es tan mayoritario como irreversible ese “Lopera, vete ya” que se canta en Heliópolis y que, en cualquier club, en cualquier época, ha supuesto siempre la muerte deportiva del dirigente de turno. Su discurso se ha acabado volviendo contra él. Un mandato tan presidencialista conlleva que el coeficiente de desgaste sea elevado, y década y media es mucho tiempo, máxime cuando el propio Lopera no ha tenido a bien buscar, rodearse, de la gente necesaria para llevar el peso de la nave. Evidentes síntomas de no querer ver la realidad –“la afición está conmigo, me lo demuestran cuando me los cruzo en los coches”- llevan a pensar que esto se acabó, que el loperismo está más que amortizado y que, por su propio bien, por propia justicia con la historia, debería buscar una salida para que al final las masas, esas mismas que lo adoraban cuando la cartera parecía no tener fín, no acaben por quitarlo del libro de honor la institución.
Pepe León: Presidente sólo los domingos de 5 a 7. Todos los intentos de buena voluntad mostrados por el dirigente nazareno han quedado en eso. A estas alturas ya nadie se cree que goce de autonomía para manejar los ingresos que genera al club. Muchísimas han sido las contradicciones entre el máximo accionista y el oficialmente mandamás verdiblanco. León ha sido ninguneado por Lopera cada vez que se encendían focos, cámaras y grabadoras, como no podía ser otro el caso. A nadie escapa que las decisiones deportivas se las han puesto por delante. Todo se ha cocinado en las oficinas de Jabugo, mostrándose una clara falta de respeto por las formas. El abrazo con Joaquín y las posteriores declaraciones certificaron la poca practicidad de la fórmula. No se sabe si León juega con un as en la manga, aunque parece que la apuesta del veterano directivo pasa porque sea Portillo el próximo propietario del club. Si no es por mantener esa posición de privilegio, no se encuentran motivos para justificar lo que lleva aguantado en unos meses en los que ha quedado demostrado que Lopera no confía en nada ni nadie que no sea él mismo. Así triunfó, así se hizo millonario y a estas alturas, pasada la sesentena, no era de recibo que se transformase en otra persona.
Consejo de Administración: Meros figurantes necesarios para el mantenimiento formal de la sociedad. Excepto puntuales intervenciones en cuestiones nimias, son ajenos a la más mínima decisión de cierta trascendencia. Existen varias facciones, los más cercanos a Lopera, los que han llegado de la mano de León Gómez, algunos con demasiadas ganas de cambiar el mundo, y un grupo neutral que no se mueve para no dejar de salir en la foto. En este punto, cabe destacar que no ha habido desilusión alguna porque durante los años del loperismo, el consejo ha pasado en su mayoría por jugar un papel poco relevante. Muchos se enteran de lo que pasa en el club por la prensa, y no pocas veces se han decidido cuestiones trascendentales sin ni siquiera tomarse la molestia formal de convocar al consejo de administración. En el “off the record” muestran su total desacuerdo con las formas y hasta casi con el fondo, pero en algún lado oscuro deben encontrar recompensa al permanente ninguneo. Lo mejor de la tropa, la comisión por el centenario, mucho y muy buen trabajo sin ningún amparo, ni económico de ningún otro tipo, por parte de Lopera.
El club: Cada año ha quedado demostrado que los éxitos deportivos van vinculados a la organización y estructuración del club, siendo quizás el Betis 04/05 la mejor excepción a la norma. A nadie escapa que en este ámbito, el Real Betis es un equipo de tercera categoría, puesto que los medios y profesionales dispuestos a que el Betis funcione desde que acaba un partido hasta que empiece el siguiente son mínimos e incluso en algunos casos, nulos. Palmarios ejemplos de las evidentes carencias de la institución salen a la luz pública de vez en cuando, provocando el casi mayoritario sonrojo de los partidarios de la causa verdiblanca.
La plantilla: Muchas son las cosas que podrían considerarse en este punto. Pero a esta alturas nadie escapa que este equipo es peor que el del año pasado, está más acomodado y sigue habiendo urgencias históricas ante las que la secretaría técnica hace oídos sordos. Sangrantes son las carencias en el lateral derecho o el extremo zurdo. El personal, después de hacer caja con las ventas de Joaquín y Oliveira, ha quedado desilusionado con el calado de los refuerzos que han venido, siendo Sobis el único que escapa unánimemente de la quema, y reclama el paradero de los más de 20 millones de euros del superávit estival.
Irureta: les escribo estas letras horas antes de la cumbre de Jabugo en la que parece decidirse el futuro próximo del técnico irundarra, aunque sus apesadumbradas declaraciones tras la derrota ante el Mallorca parecen haberle puesto fecha de caducidad más o menos inmediata a su etapa en el club. Superado por una plantilla sin ambición y atado de pies y manos en su empecinamiento por utilizar en esquema, 4-2-3-1, nada acorde a las características de los jugadores de los que dispone, pocas son las opciones de futuro que se le presenta. Quizás una reacción más enérgica en verano le hubiese venido bien de cara a gozar del crédito de la afición, aunque en su descargo hay que destacar el hecho de haberle descapitalizado el equipo –engañado según sus propias palabras por la doble venta de Joaquín y Oliveira- en las vísperas del comienzo de campeonato, así como la tardía incorporación de quienes tenían que desempeñar el papel de los ausentes.
Secretaría técnica: Momparlet es el máximo responsable de un área ninguneada por la carencia de medios. No tiene un currículum previo que lo avale ni en estos años ha demostrado ni descubierto a un futbolista destacable. Se ficha en base a lo que ofrecen los intermediarios más que a la iniciativa propia. En cuanto a los medios a su alcance, no hay dinero para viajar, no hay dinero para ampliar el organigrama de colaboradores, y quizás en este ámbito, el club muestra su cara más vergonzante. Sangrantes son las noticias que surgen en torno a este tema, y hay veces que uno calla por no hacer más daño a la institución que muestra aquí su lado más vulnerable. Impresentable el precario estado que presenta uno de los puntales del club.
Cantera: Milagro que se repite cada fin de semana. Al igual que la secretaría técnica, parece dejada de la mano de Dios. Pocos o nulos medios, instalaciones impropias de un club de primera división y nulas expectativas de que llegue una nueva hornada de canteranos al primer equipo. El filial, mientras siga en tercera, se antoja de poca utilidad. La carencia de medios se suple con la ilusión y el trabajo tanto de los chavales como de los técnicos de la casa. León prometió unas mejoras de las que, de momento, nada se sabe.
La afición: Lo mejor de la casa, a distancia sideral del nivel deportivo. Aguanta carros y carretas, pero ha tomado conciencia de que no está dispuesta a tragar con más mentiras ni a comulgar con ruedas de molinos. Le ha puesto la cruz a Irureta y proclama mayoritariamente que ya no cree en los métodos de Lopera. Se posicionó a favor de Serra y eso provocó las iras de la mayoritaria. No pasa ni una más, ha tomado conciencia y formado opinión sin dejarse influenciar por las bravuconadas, otrora aplaudidas, del máximo accionista y se antoja pieza clave en el futuro inmediato de la institución. Por mucho que las sociedades anónimas se rijan por otros criterios, no cabe duda que 40.000 almas, domingo tas domingo, tiene más fuerza que la que le otorga el código mercantil
Serra Ferrer: No cabe duda que la sombra del mallorquín sigue siendo alargada. Desde el establishment se vendió el pasado verano que con su salida se había puesto fin a los males y a la división del vestuario, aunque a tenor de lo sucedido, se ha demostrado que el balear, más que el problema, era la solución de un equipo resquebrajado. Los hechos han acabado por darle la razón. Cómodamente instalado en las alturas de la liga griega, vivo en Champions, no permanece en nada ajeno al día a día del club y cuentan sus más íntimos que está al tanto de todo y llama cada semana para comentar la intrahistoria de la casa. Sabe que la afición aún lo venera y no descarta una tercera etapa –de hecho, tiene una clausula con su actual equipo que lo liberaría si es reclamado por el Betis-, aunque, eso sí, es totalmente incompatible con Lopera. Su proyecto “Betis millenium”, para modernizar todas las estructuras de la institución, duerme en su mesita de noche. Se antoja como el perfecto mascarón de proa si se produce un cambio de propietario.
Compradores: Cuando el río suena, es que agua lleva. Lopera, hombre falto de criterio a la hora de mantener su palabra, habla y se contradice cuando saca a colación el tema de su sucesión. Admite y comenta ofertas al mismo tiempo que proclama que el Betis será de los béticos –imagino que de aquellos a los que le sobren decenas de millones de euros- aunque a nadie escapa que son varios quienes se postulan a la espera de que de verdad se quieran poner a la venta las acciones. Portillo, Mauduit, Beneroso, Alfonso Pérez Muñoz y Urdaci, los notables… son algunos de los nombres a los que se les unirán otros en el transcurso de las semanas, pero, de momento, la posible venta se ve como algo lejano y desde luego complicado al estar Lopera, el oscuro entramado entre el club y las sociedades de éste (Farusa, Encadesa, etc) y mucho dinero de por medio.
Estadio: Llamado a ser el legado material que dejaría Lopera a los béticos del futuro cumple su octavo año de obras paralizadas. Después de anunciar a bombo y platillo, nunca mejor dicho, su construcción, bastó poder colocar en una de sus fachadas el nombre de Manuel Ruíz de Lopera, el rótulo más grande que luce cualquiera de las calles de Sevilla, para dar por satisfechas las ansias inversoras en posteridad del máximo mandatario. Las obras de Gol Sur han sido anunciadas como inminentes en no se sabe cuantas ocasiones, a ver si alguna es la definitiva. En alguna delirante comparecencia del máximo mandatario ha llegado a ser incluso convertido en arma arrojadiza contra la afición, a la que acusó de no convertirlo en necesario, al no estar dispuesta a cubrir el aforo. De la cubierta, proyectada por la NASA, poco se sabe. Debe estar en el mismo cajón que el canal Betis, la guardería para los niños o el club social para los béticos más ancianos.
El entorno: En esta ciudad dual, no cabe duda que los resultados del eterno rival hacen mella y más en situaciones de tanta debilidad. Dos conceptos diametralmente opuestos de entender y gestionar un club en pleno siglo XXI. Poca hostilidad por parte de un rival a día de hoy, infinitamente superior. A nivel institucional, parece que se ha recobrado el interés por tener al Betis en los todos los frentes, aunque en determinados despachos políticos, se consideran sin saldar algunas pasadas afrentas de Lopera.
Así son y así están las cosas, al menos según el criterio del abajo firmante. Más o menos de acuerdo, eso es cosa suya, querido lector, lo que no admite duda alguna es que hace un año hoy se dormía la vigilia de un partido por el que otros meterían fuego a la ciudad. De aquel Betis- Chelsea a hoy han pasado 365 noches y un millón de cosas en verdiblanco. Juzgue usted mismo si han sido para mejor o para peor.
Juan Salas Rubio Artículo aparecido en muchodeporte.com que reproducimos en Lopera vete ya
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